Gritar su nombre con tal fuerza que las calles frías, cobraran vida.
Pero es que, yo solo quería que toda la ciudad supiera cuánto le amaba.
Solo quería que toda la ciudad supiera que su nombre me pertenecía; que era parte de mi.
Ella no sabía que aquello era lo único que quería. Que formara parte de mi vida siempre.
No sé si lo sabía, pero cuando ella sonreía mi mirada se convertía en un laguna transparente, donde yo podía expresar y reflejar todo lo que las palabras no decían nunca.
Quizás ella no quiso darse cuenta de aquello, quizás solo tuvo miedo de que le lastimaran de nuevo, pero no sabía que yo era la única que jamás le haría daño alguno.
Le miraba y le miraba, tratando de explicarme el por qué de todo aquel sentimiento. Pensaba cuál sería la respuesta a todas aquellas preguntas.
Me paraba y pensaba, pensaba que si algún día se iba, todo dejaría tener sentido.
Y que quizás cuando ella estaba mi vida era la misma mierda de siempre, pero no me daba cuenta.Quizás porque estaba centrada en lo bonita que era su sonrisa.
Me juré no escribir más sobre ella, me juré no poner una sola palabra más sobre su sonrisa.
Ella era el amanecer, y el anochecer de mis días.
Las puestas de sol eran tan bonitas cuando el último rayo de sol la iluminaba a ella,
cuando el último rayo de sol me demostraba lo mucho que yo sentía.
Juro, que yo quería decírselo, decirle lo mucho que ella significaba para mí,
quizás el tiempo jugó en mi contra y no supe demostrarle todo lo que se merecía.
La rutina, me mató, nos mató.
Pero que tampoco es excusa, ya que hasta la rutina era bonita si ella seguía ahí.
Te perdí en mis manos y ahora me arrepiento.
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